Nuestra historia

Amaicha Joyas nace como un proyecto personal basado principalmente en la experimentación con el metal, de manera autodidacta y usando como método el “ensayo-error”; como forma de expresión.

Con el paso del tiempo comienza la búsqueda de técnicas que puedan enriquecer mi trabajo y es en ese momento cuando este proyecto toma más fuerza, cuando encuentro mí forma de “ver” la joyería.

Amaicha Joyas es básicamente un diario de viaje, la combinación de entorno y arte, tomando forma en joyas que intrínsicamente están ligadas a un tiempo y a un espacio.

La historia, puede decirse que comienza con mi llegada a Barcelona desde mi Buenos Aires natal en el año 2000. Ya había tenido el primer contacto con la joyería trabajando como ayudante de un orfebre en Argentina, así que decido intentar encontrar mi propia forma de hacer joyas.

Como todos saben las maletas de un “viajero” están cargadas de muchos recuerdos, olores, colores y seguramente, de una esencia que nos une al lugar de donde venimos y es por eso que mis primeras piezas tienen una clara reminiscencia indígena precolombina con un marcado estilo étnico.

Amaicha es un lugar mágico ubicado en la provincia de Tucumán, al norte de Argentina, que tuve la suerte de visitar en variadas ocasiones, poblado por verdaderos artesanos que fabrican piezas únicas con un arte fuertemente atado a sus raíces indígenas, a la tierra y de allí el nombre a mi nuevo proyecto.

Barcelona me da la oportunidad de perfeccionarme técnicamente, descubrir nuevas herramientas para la creación, ampliar mis horizontes; pero el viaje debe continuar…

Mi nuevo destino es Formentera, una pequeña isla en el Mediterráneo, donde logro encontar un espacio idóneo para realizar mi trabajo y es así que en el año 2006 decido instalarme de forma permanente. Considero que la artesanía es una disciplina que requiere tranquilidad pero a su vez intensidad y es esto lo que la isla me aporta; solo con dar un paseo por alguno de sus rincones puedo percibir infinidad de sensaciones que pasan directamente a mis manos enriqueciendo lo que hago.

Y, aunque hoy Amaicha ya no es la misma, la esencia de mi trabajo sigue siendo el fiel reflejo de lo que estoy viviendo, de lo que percibo a mí alrededor y de lo que cada parada de este viaje me ha aportado.